
Era tanto el calor que se podía asar cachapas…
Pero lo mejor estaba por llegar, piensa la mujer recorriendo la tersa y suave nalga con su lengua hambrienta, lengüetearía sobre el ojete del culo, tal vez le entrara un poco; pero el plato fuerte era el otro: la cuca. Sabe que cuando finalmente entierre su lengua allí, la encontrará caliente, mojada y preparada. Sonriendo mientras acaricia y lame a su mejor amiga, piensa que la hará gritar de gusto, la dejará tan cachonda que tendrá que clavarle tres dedos para calmarla…
Y todos quisiéramos verlo.
Julio César.
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