REGALO DE ANIVERSARIO

MMMF

   -Pero Joaquín, ¿qué hacen Marcos y León? –jadeó ella, sin creer lo que pasaba cuando su marido, ese tipo serio y recio de barbita en candado, la alzó en peso con los otros dos y la depositaron en la cama matrimonial, ni cuando estos comenzaron a meterle mano, amasándole las tetas sobre el ajustado vestido, endureciéndole los pezones, el cual fue finalmente alzado dejando al descubierto su pantaleta negra, cosa que provocó la risa del trío de machos cabrios.

 

   -Bueno, Marta, creo que este año para nuestro aniversario voy a darte un regalo que va a gustarte bastante. Te vamos a coger entre los tres, los tres te vamos a meter güevo hasta que grites, y sé que lo vas a gozar como la puta caliente que eres. Vas a tener tres güevotes grandes, babeantes, duros y calientes para ti solita, mi amor. –le sonríe, excitado al verla jadear ronca, enrojecida su piel caliente ya mientras esos dos carajos siguen manoseándola.

 

   Sí, ella quería eso, ser cogida por esos tres hombres, que le dieran a su cuchara caliente una buena cepillada de toletes, que la hicieran gritar de gusto metiéndoselas por todos lados. Era una hembra hecha para el placer, y con sólo imaginarlo, tres vergas enormes emergiendo de esas braguetas, ya se le moja la poncha de gusto anticipado.

MMMF

   Marta jadeó largamente, con rostro de zorra barata, cuando la boca de Marcos comenzó a mordisquearle su pezón derecho, atrapándolo con sus dientes, chupándolo. La mujer gimió más cuando los dedos de León, que acariciaban la entrada de su vagina, finalmente entran, dos dedos largos, gruesos, lentamente, recorriendo su canal caliente, entrando hondo y con facilidad ya que estaba lubricando en abundancia.

 

   -Verga, Joaquín, ya la tiene caliente y mojada; es verdad lo que decías, ¡qué puta es tu mujer! –gruñe el hombre totalmente excitado, jugueteando con el botoncito de oro de Marta, su clítoris, haciéndole ronronear indefensa, como lo estaba toda tía a quien le acariciaban expertamente su punto en cruz. Hombres como ellos, que sabían, lo manejaban, darle dedos, o atraparlo con los dientes y lamerlo, hacia que toda mujer se entregara toda.

 

   -Es tan caliente. –reconoce Joaquín, sonriendo, medio aullando cuando el anillo del culo de su mujer se cierra sobre ¡los tres dedos que ya le ha clavado! Metiendo y sacándolos, cogiéndola, la excita más.

 

   Ella grita, no sabe qué hacer o en qué lado concentrarse mientras esos tres carajos altos, musculosos, viriles y atractivos juegan con toda ella. Esos dedos en su vagina entran hondo, como los que se agitan dentro de su culito dilatado ya, y casi siente como se tocan.

MMMF

   -Hummm… hummm… ahhh… -jadea ella, recorriendo de un glande al otro, recogiendo gotas agridulces y salinas de macho, jugo que le encanta.

 

   Su boca golosa se abre y atrapa el güevo de Marcos, mamándolo expertamente, atrapándolo todo, bajando sobre él y chupándolo mientras retrocede, haciéndolo gemir y que le gruñera “puta, trágatelo así, puta, comete mi güevo que es lo que tanto te gusta, ¿verdad?”. Y ella está en la gloria, mientras la llaman puta sucia, mujerzuela, se siente más y más excitada, más caliente; mama a Marcos y masturba a León, soñando ya con el momento de comerse esa otra rica verga, mientras su marido frota su güevo caliente de su rostro. Al hombre le excita ver a su esposa así, pegando sus rojos labios de uno de los güevos de sus panitas del alma, abriendo bien esa boca y tragándolos, algo ahogada porque eran grande, pero llegando casi a sus pubis.

 

   Sus ojos parecen casi en blanco mientras sube y baja de uno a otro güevo, tragándolos los tres, dándole placer a esos machos que la poseen, que son sus amos. Sentir el duro y cálido tronco sobre su lengua, entrando, ahogándola, soltando sus jugos, la enloquecen. Mamar un buen güevo era algo que ella no cambiaría por nada en el mundo. Un tolete bien ordeñado era delicioso, pensaba con hambre. Come con avidez de una verga a otra, necesitada, deseándolo todo ya. Su marido lo nota y le sonríe.

 

   -Calma, Marta, vas a tener güevos para rato, le dije a los niños que no llegaran temprano, seguro piensan que tú y yo vamos a tener una buena tarde romántica; no pueden imaginar que tú la tendrá bien dura. Así que tranquila.

 

   Con el rostro enrojecido, la boca llena totalmente con el güevo de León, con su nariz casi metida en sus pocos pelos púbicos, ella mira a su marido agradecida; Dios, qué regalo tan bueno (y sabroso) reconoce al tragar todos esos licores de machos. Su querido Joaquín iba a darle lo que tanto deseaba, y traer a los dos compadres, el padrino de Amandita y el de Héctor, era una buena idea. Su marido y los dos compadres iban a ponerle esa cuca como un resbaladero de mono, reconoce estremeciéndose.

 

   -¡Cómo mama! –jadea León

 

   -Le encanta saborear güevos, el mío se lo come casi todas las noches. Es una puta tan ávida, compadre, que no sé si los tres podamos darle lo que necesita…

 

CONTINÚA…

 

Julio César.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: