JOAN MANUEL SERRAT Y LOS ESTEREOTIPOS IDIOTAS

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   -Me la comí…

 

   Hace poco en Venezuela muchas personas se sorprendieron unos, se molestaron otros, con unas tajantes declaraciones del canta autor español Joan Manuel Serrat. Fuera de ser una intromisión grosera de alguien que cree tener el derecho a meterse en la vida de otros, cosa que se le critica en este país por ejemplo al que habla mal del Gobierno, convirtiéndolo en reo de traición merecedora de expulsión o cárcel (no cuando le halan mecate), la cosa no es tan grave. Señores, no nos volvamos locos, Serrat es un cantante, un hombre de farándula, de él no debe esperarse profundidad o transcendencia, sólo el rato agradable del espectáculo. Su pensamiento es de feria, hasta algo tosco en su elementalidad: viaja a Latinoamérica y en su simpleza de  escenario da declaraciones a favor de  un hombre fuerte y autoritario de esta zona, creyendo que hace una gracia y se congracia con todos los que lo aman. Pero no sólo es eso, hay que recordar que también tiene su edad, y mucha gente regresa al pasado cuando comienzan a fallarle las facultades, y el franquismo (don Franco, el dictador autócrata), fue alguien que seguramente signó su vida.

 

   Claro, se puede argumentar que dijo estupideces, como que Chávez ganó en elecciones limpias y transparentes, porque no lo fue. La ley prohibía explícitamente lo que los medios de comunicación oficiales hicieron, transmitir propagandas veinticuatro horas al día a favor de una sola parcialidad; gastar el dinero del erario público en propaganda; o sancionar los medios que no obedecían aquello de las propagandas equilibradas. No fue claro, justo ni legal la forma en la cual se manipuló unas instituciones ya desfasadas para: legalizar una reforma que al ser ya rechazada un año antes no podía volver a presentarse; acortar el tiempo para llamar a comicios (Chávez los quería antes de carnaval y todos corrieron a complacerlo); violar la ley electoral al impedir la inscripción de nuevos votantes: y alargar sin una reforma de ley, el tiempo de votaciones, así como encarcelando, vejando y humillando gente que ‘cometió delitos electorales’ cuando se vio a personeros del régimen violarlas repetidamente sin que fueran sancionados.

 

   Esto se le puede criticar al señor Serrat, que no tiene ni puta idea de lo que habla cuando abre la boca y deja escapar sus necedades como quien suelta gilipolladas (cosa que no lo cohíbe de abrirla y meter allí mismo su pata)… pero tampoco es su culpa. Él leyó “hubo elecciones y las ganó”, y en su elementalidad borró todo lo que acompañaba esos dos titulares y que no le gustaba. Es de esa clase de personas que presionan la realidad hasta que suena o se ‘vea’ como le agrada, adaptándola a sus fantasías; que digan que eso es un signo de infantilismo no evita que sea menos real. Que sí esas violaciones a la norma las hubiera cometido José María Aznar en España para obligarlos a algo que no querían, o Bush en Estados Unidos, demostrando que eran monstruos que debían ser condenados y repudiados, un hombrecito como este lo justifica en Hugo Chávez, y hasta le ríe las gracias. Qué su bella España caiga en manos de un autócrata que les diga lo que tiene que hacer y utilice el poder del Estado para perseguir a quien disienta, y que se valga de medios no santos para lograrlos, sería horrible e intolerable, sobretodo si viene del Partido Popular… pero en Venezuela se ve graciosito. Exótico, pues. Es esa doble mortal, sucia y descarada de hombres que siempre he relacionados con el pensamiento de la izquierda.

 

   Pero él, como español, que habla de Venezuela por las cosas que oye de otras fuentes, adaptándolas a lo que quiere creer (seguramente jamás ha hablado con un venezolano en España o uno de los europeos que ha tenido que irse con sus familias de la tierra donde pensaron que se morirían de viejos), le hace un flaco favor a España, porque repite y perpetua la idea de que la gente es como creemos que es, y no como es. Personalmente conozco a muchos españoles (y me escribo con otros tantos) y me agradan. Porque los conozco; pero si uno fuera tan necio e irresponsable como Joan Manuel Serrat, llevándome por lo que oye o ve en la prensa, pensaría que los españoles son unos salvajes peligrosos que de alguna manera lograron colarse en Europa. Que fuera de racistas y xenófobos, también son misóginos en su desprecio hacia sus mujeres a las que apalean y matan porque las odian demasiado. Por suerte para España, uno no es tan simplista y mentecato, porque habla con otra gente que no es la de uno (no como hace el señor Serrat), y entiende la diferencia entre casos aislados de trogloditas retrógrados y el gentilicio de toda la península ibérica; como distingue los hechos de lo que nos parece que es. Tal vez no sea ni culpa suya, se supone que España tiene un embajador en Caracas, alguien que informa a Moratinos y al Gobierno español cómo son las cosas y qué está pasando; tal vez el problema sea que la cancillería es incompetente para entender lo que ocurre… o que Rodríguez Zapatero y su gobierno andan tan necesitado de cuatro lochas, que París bien vale una misa.

 

Julio César.

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