Ya está. Sin testigos que probaran que estaban allí, sin grabaciones de órdenes impartidas, sin pruebas de balística, sin responder cómo los asesinos subieron a azoteas en manos de la Guardia Nacional que resguardaban las zonas de seguridad alrededor de Miraflores, sin revelar quién ordenó que no sobrevolaran los helicópteros de la DISIP, la policía política, sobre esas azoteas, sin explicar quiénes tumbaron las señales de las televisoras cuando estas comenzaron a mostrar a los asesinados alrededor de Miraflores ni qué hacían allí antes de la matanza, ni quién dio la orden de disparan, aunque el Alto Mando en boca de Lucas Rincón responsabilizó al Presidente de la República solicitándole la renuncia… un grupo de venezolanos fue condenado a treinta años de cárcel.

 

   Nunca como ahora la justicia había caído en tal estado de abyección, postración y corrupción. Jamás Venezuela, tierra de gobiernos amorales, había sido testigo como ahora de las hordas salvajes que pillan, roban, abusan y asesinan bajo un manto seudo legal como en esta autocracia. Comparado con esta gente, con este régimen de horror y abusos, la Cuarta República era un tiempo de estadistas decentes. Qué suciedad se oculta bajo el cobijo de un gobierno dizque de izquierda.

 

   Imagino que Tony Saca, la basura cobarde que hasta hace poco era presidente de El Salvador (responsable directo de que ahora mande el Farabundo Martí), ni se acuerda de ninguno de ellos. No recuerda que los entregó en lugar de permitirle seguir hacia una tierra más decente. Y olvidó que, en el colmo de sus iniquidades, se responsabilizó por la buena marcha de aquel proceso, como garante del juicio. O se recuerda y ríe divertido.

 

   ¡Treinta años!, condenados a treinta años porque el Gobierno necesita que alguien cargue con los muertos del once de abril de dos mil dos, la llamada Masacre de El Silencio; y no podían ser aquellos a quienes se les vio matar gente desde puente Llaguno, porque era gente enviada por Chávez. Treinta años dictados en una parodia grotesca de justicia. Imagino que mañana oiremos a Lula Da Silva, frente al congreso del Brasil, pedir nuevamente la entrada de Venezuela al MERCOSUR, porque así es que se gobierna.

 

   ¡Treinta años de cárcel! A veces no se puede con el asco.

 

Julio César.

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