LA APUESTA

PUTICA CALIENTE

   Jugaba y perdía siempre… pagando hasta con el culo.

   -Hummm… déjame, Vicente, eres el marido de mi hermana…

   -Déjate de vainas, apostamos y perdiste, putica. –le reclama y recuerda moviendo esos dedos sobre la sedosa ropita interior de la chica, una recatada tanga, lengüeteándole un duro pezón.- Dijiste que no te calentaría, pero ya la tienes bien mojada bajo la pantaleta, así que paga. Primero voy a meterte estos dos dedos hasta el fondo, revolviéndolos en tu cuca, después te voy a pegar la lengua chapándotelo todo, comiéndote el clítoris, y después viene güevo del duro y del bueno, vas a gritar pidiendo más y más…

   -Bueno, yo sé perder… -jadeó, más caliente y mojada todavía.

Julio César.

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