POR QUÉ SEGUIMOS AQUÍ…

JAKE

   Gracias, amigo…

   No es fácil explicar el por qué nos impresionó tanto la película de los vaqueros, o por qué nos encantó tanto Jake Gyllenhaal; no lo era antes, ahora menos. Responder el ‘¿hasta cuándo vas a seguir escribiendo sobre ellos?’, ya resulta embarazoso de responder. Sería fácil decir que es porque la película fue bonita, emotiva, sentimental, y que a Jake lo confundimos con su personaje, pero es más complejo. Es por mí.

   ¿Por qué sigo? Porque muchas de las cosas que me replanteé en ese momento de mi vida, continúan vigentes. A las metas no satisfechas, a la soledad de una casa vacía, soledad que viene de adentro y que parezco incapaz de terminar de llenar, como un puente que no termino de cruzar jamás, se suma la depresión. Salir cada día a las calles, leer un diario, encender una radio, mirar una televisión, me recuerda el deterioro de mi país, la destrucción de un modo de vida que parecía encaminado al futuro, de regreso a la malaria y al dengue, sustituyendo la modernidad por la bodega, el conuco, el trueque. Es terrible ver a gente ansiosa haciendo una cola interminable al pie de un camión para comprar un kilo de esto y un litro de aquello, sonreídos y satisfechos porque vale cincuenta bolos de los viejos menos que en un mercado. Mercado donde ya no queda nada.

   Es mi gente, mi pueblo, esa que no puede relacionar una política calculada para reducirlo a eso, a esperar el camión enviado por el gobierno para recibir esto y aquello, con la pérdida de oportunidades, de seguridades y libertades. No parecen recordar un país donde se iba al mercado y se compraba lo que se deseaba, del tipo y marca que gustara, sin tener que ir de aquí para allá, cazando un vehículo oficial. O tal vez nunca pertenecieron a esa Venezuela. Como sea, es duro tener que transitar esta realidad: servicios que colapsan, mercados vacíos, hospitales abarrotados de personas que no pueden ser atendidas, fábricas cerradas y aceras llenas de buhoneros. Realmente, debo ser muy antirrevolucionario, pero yo no veo mejora. ¿Dignidad? ¿Dónde, en el hombre que no quiere trabajar ni sudarse ese rabo para tener que lo quiere sino espera tomarlo de otros, porque es su ‘derecho’? ¿Cuál dignidad mientras se espera horas y horas haciendo fila por dos kilos de carne al pie de un camión?

   Es cuando cierro la mente, escapando. Y leo alguna noticia sobre un nuevo proyecto de Jake, u otro éxito o reconocimiento póstumo para Heath. Por eso continúo. Hace tiempo alguien lo dijo mejor que yo en uno de esos blogs por donde una vez pasé. A una bonita fotografía de Jack Twist, seguía el comentario:
……

JABYJACK:

   “Dedicado a Jake, porque él nos ha hecho emocionarnos, reír, llorar, gritar de rabia, enfadarnos con nosotros mismos, aprender qué somos y qué deseamos ser, dónde estamos y cuánto nos falta para llegar a lo que un día soñamos. Porque con su trabajo, su dedicación, nos ha invitado a mirar la vida desde otro punto de vista, a revaluar cómo son las cosas, las personas, las esperanzas; a mirarnos a nosotros mismos y entender que somos mucho más de lo que creíamos, que dentro de cada uno está la fuerza para continuar, para luchar, para intentar, cada día, atrapar la vida con las manos y no dejarla ir.

   Aprendimos a confiar tanto en la vida como en la suerte, que a veces nos sonríe siempre y cuando estemos dispuestos a tomar las riendas de nuestra existencia, con temor pero decididos y esperanzados en lograrlo. Pero, por encima de todo, nos enseñó a soñar que las respuestas que buscamos, que el camino que necesitamos transitar, viene de nosotros mismos. Una noche lo vimos, encarnando a otro, entendiendo que deseaba algo, algo que era importante para continuar viviendo, cuando, tal vez inquieto pero resuelto, alargó la mano y lo tomó, haciendo temblar a la persona a su lado, y a todo un mundo con su valor para actuar; con sus miradas brillantes y expresivas donde se leía igualmente el amor, la entrega, la esperanza y la tristeza; con sus silencios de dicha y calma, o de dolor y desespero; su risa suave en mejillas ahuecadas, sus palabras que dejaban flotar sus ilusiones y deseos, sus gestos de hombre que quiere vivir. En esa lengua furiosa que lame el labio inferior mientras alguien, ese de quien tanto espera, deshace sus sueños e ilusiones dementes a orillas de una carretera; en esas manos que van a los bolsillos al acercarse a alguien que le importa, como para contenerlas un momento más. Todo eso nos enamoró y dio sentido a algo más.

   Jake, nos has dado mucho y por ello este sitio es para ti, de parte de la amiga ALAS, y de todos los que se unirán, para apoyarte siempre, para siempre esperar por tu bien, tus éxitos, tus triunfos, tu felicidad; pues, cuando menos lo esperábamos, tú nos diste y ayudaste mucho”.

……

   Me tomé una que otra libertad, pero es lo que se deseaba expresar. Mirando atrás, no puedo dejar de sonreír por todo lo que me pegó y dolió esa historia. Como ya he dicho, la parte del Secreto en la Montaña que me tocó no fue tanto la de esa gran pasión, fue el temor a la vida del otro vaquero, el que tuvo que padecer al continuar viviendo perdido su amor; toda la soledad y aridez de una vida que no se vivió bien, por el tiempo ido con sus oportunidades, años donde no se tomó uno u otro camino y la vida fue distinta de lo que pudo ser; por los años que quedan, donde lo peor es lamentar a cada momento lo no hecho.

Julio César.

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