VIRTUOSA DEL HOGAR

HEMBRA CULEADA

   Lo hacía porque era una mujer decente…

   De tarde en tarde, Mariana dejaba que el chico de las reparaciones en el edificio, un mocetón joven y de buen porte, entrara para limpiar las ventanas, fumigara los clóset y recórtale la grama al camino de atrás. Y era ahí donde el joven se entregaba a fondo, duro, dándole machete del bueno. El camino, aunque culebrero, era bien remarcado por la porra que daba y daba, mientras ella se agitaba, gemía, se apretaba las tetas y metía un dedo en su vagina empapada. Chillaba como toda hembra bien atendida. Y de paso aceitaba la maquinaria y no le daba lo que era de su marido a otro. Ese culo, de hablar, contaría buenas historias de muchachos del mercado, vigilantes de transito y vecinos cachondos. Pero, como mujer con clase, Mariana lo llevaba todo con discreción… excepto cuando el güevo salía casi hasta la punta para después clavársele hasta los pelos otra vez, cuando gritaba como la propia puta.

Julio César.

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