TINITA… UNA PUTICA SENTIMENTAL… (2)

WOMEN HOT

   Caliente ya no pensaba… sino en que le dieran. Y duro.

……

   -Por favor, no… -gime ella mareada, cuando él deja su boca; quiere detenerlo, una chica decente no hacía esas cosas, pero sin darse cuenta sus caderas iban y venían un poco, buscando los dedos que se le metían.

   -No temas, te voy a dar güevo hasta por las orejas. –finge no entenderla.- Dime putica, ¿ya te has gozado dos güevos a un tiempo, uno por la cuquita caliente y otro por tu culito estrecho?

   -¡¿Qué?! –la impacta.

   -Porque estás a punto de vivirlo, mami rica. Dos güevotes para ti… -le informa sonriente, casi sádico, señalando más allá con un gesto.

   Desconcertada, y algo asustada, ella vuelve la cabeza y encuentra a otro carajo. Allí estaba el joven ayudante del señor Mijares, casi tan alto y fuerte, sonriendo, con un güevo enorme fuera de su bragueta, rojizo de ganas, botando agua ya…

   -Ay, pero qué putica más linda eres… Te vamos a dar güevos de los buenos. –dice el otro, riente como una comadreja, acercándosele también.

   -¡Nooo! –gime ella.- ¡Nooo! –repite intentando librarse, pero un brazo de Mijares la retiene por la espalda, sin que sus dedos abandonen del todo su lugar dentro de la pequeña pantaleta, quemándose con la suave vagina, y quemándola a ella también.

   Pero es inútil toda resistencia. Mientras gime al ser besada nuevamente por aquella boca ruda que la raspa con la barba, Mijares se le frota del vientre, descubriendo que en algún momento mientras ella vigilaba al joven ayudante, el otro había sacado también su güevo realmente titánico, amoratado, tieso y lleno de venas. Ese palo le quemaba la barriga, mientras el hombre continuaba manoseándole la cuchara, frotando adentro y fuera con sus dedos. Fue cuando sintió el choque del cuerpo del otro a sus espaldas, y se le pegó también, caliente y duro, con su tranca golpeándola, bajando una manota y metiéndola también dentro de la pantaletica, manoseándole duro una nalga.

   -Epa, aparta tu güevo babeante de mí. –le gruñe Mijares al socio, retirando su brazo, y ahora los dos empujan hacia delante, dejando a tinita en medio de un sánduche de carne.

   Es una locura, ella quiere gritar y correr, pero esos dos carajos la retienen, ambos con sus manos dentro de su pantaleta, los dedos de Mijares metiéndose dentro de la vagina, hondo, lento, masturbándola, mientras los dedos del otro recorren su tibia y lisita raja interglútea, frotando uno de la entrada de su culito, presagiando que pronto entraría también. Esos dedos, esos frotes…

   -Ahhh… -gimió ella, loca, revolviéndose contra ellos. Ya no piensa.

   Mijares le sonríe al socio quien asiente. El de más edad baja el rostro y le muerde suave un duro pezón, haciéndola gritar otra vez, mientras sus dos dedos siguen trabajándole el clítoris. Ahora un dedo del socio intenta metérsele dentro del culo, abriéndola. La chica se tiene que sostener de los hombros de Mijares, débil, mientras la cuca le arde terriblemente. Quiere que… le hagan de todo, y separa más sus piernas.

   -Mírate, qué puta… -susurra casi en su oreja, el socio de Mijares, quien logra bajar un poco su cuerpo y su verga, dura y ardiente, se frota de las tersas nalgas sobre la pantaletica, haciéndola estremecerse.

   No pasa mucho tiempo antes de que Tinita, con sus moñitos, su pantaletica y tacones, esté semi arrodilladas sobre un sucio sofá verde (no se sabe si de moho), mientras su boquita roja sube y baja, con esfuerzo pero golosa, sobre el güevote de Mijares, quien está sin pantalones, únicamente llevando una camiseta que dejaba casi todo su torso al aire. Esa boquita baja lamiendo, apretando, chupando, y sube, entre gemidos tragándose cada gota de licor allí, succionándola más. Mujica jadea, cerrando los ojos comodote; ¡esa boca comiéndolo y majándolo era tan rica! Sus caderas suben levemente, arriba y abajo, cogiéndole la boca, mientras con una mano la retiene del cabello, guiándola rudamente en la mamada.

   Tras ella, chinito en pelotas, con ese güevo bamboleándose en el aire, el joven socio del otro, arrodillado, separando la suave pantaletica roja con un dedo, bucea dentro de esa cuca caliente, saboreándola, metiéndole hondo la lengua, chapándola, azotándole el clítoris provocándole gemidos y temblores a la chica. Esa boca se cierra sobre la vagina y la chupa, antes de meter nuevamente la lengua húmeda y calida. El joven cierra los ojos, qué rico era mamarse una cuca caliente así; su nariz pega de la raja que va al culo y le encanta.

   -Así, putica, mámate tu güevo, ¿te encanta mamar, verdad? Eres una puta muy caliente y esto te encanta… -le gruñe Mijares, mirándola a los ojos. Se ve jovencita, enrojecida, con la boquita muy abierta como una ‘o’ mientras sube y baja, como una becerrita, sobre el enorme tolete del macho.

   Sonriendo algo cruel, el joven asistente atrapa el clítoris con sus labios y comienza a masajearlo, rápido, rudo, y ella se arquea, se tensa y grita. Mujica sonríe, sabe que lo que el chico hace enloquece a toda hembra saludable y sana, despertándole todas las ganas de tirar. No le sorprende ver a Tinita soltar su güevo rojo y grueso, que cae sobre su panza, bañado en saliva, mientras mira al ayudante.

   -Por favor… por favor… -no sabe qué decir.

   -Por favor, ¿qué? –pregunta el más joven, dejando de mamarle la cuca, pero metiéndole un dedo ahora.- Dilo, puta, y tal vez te lo demos.

   -Métemela. Cógeme. Méteme tu güevo. -gritó, avergonzada, enrojecida de furor.- Ya no aguanto más…

   Y era cierto, piensa el muchacho al ponerse de pie, golpeándole una nalga a la muchacha con su barra de carne dura. Esa cuca estaba echa una sopa, esa nena ya no enguantaba más y necesitaba de un macho que la satisficiera. Sonriendo, todavía cruel, aferra su güevote y frota la roja, lisa y ardiente cabeza de los labios de la vagina, descubierta de la pantaleta todavía por un dedo del muchacho (aparentemente coger a una tipa que usaba aún su tanga, le encantaba). El glande penetra medio centímetro, se frota de arriba abajo y sale. Ella gime contenida, sus nalgas van hacia atrás, buscándolo. ¡Quiere un güevo ya!

   -Métemela, por favor… -le suplica casi llorosa.- Cógeme que… Ahhh, sí…

   Grita la fémina cuando el tolete va enterrándosele en la ardiente cuca, poco a poco. Él también bota aire, ese cuca le atrapa y hala cada pedacito que entra, hasta que la mete toda, a fondo, estremeciéndola (era una verga grande, pero ella la domina). Su cuca titila, se dilata y contrae, mamándosela, mojándosela. Y el joven siente que se muere. Dios, qué rico era coger…

   Y el trío, entre arremetidas, jadeos y gruñidos, continúan en medio del feo y desordenador taller de reparaciones, oscuro y polvoriento, donde sobre el viejo sofá verde, un carajote cuarentón, musculoso y vistiendo únicamente una camiseta, está sentado y abiertote mientras una frágil y delgada chica de tetas grandes y nalgas redondas, sube y baja golosa su boca sobre su tranca rojiza y llena de venas, mientras otro carajo, más joven pero igual de grande, totalmente desnudo, saca y mete su güevo mojado, de los jugos de la mujer, de su vagina, golpeándola con su pubis mientras la coge con fuerza y rudeza, apartándole la tirita de la pantaleta con un dedo. Y a cada cogida ella gemía más y más. Es un cuadro hermoso.

……

   Carolina Fuentes (de Marotta), llegó a la torre Trece mal encarada. Hermosa, fría, silenciosa… pero furiosa. Por su vida, los retos dentro del bufete del cual era la socia más reciente, y joven, así como con su familia. Y con la putica, claro. Sí no fuera porque la necesitaba para ajustarle cuentas a otra puta, la echaba a la calle. Llegando al piso quince, mientras va por el iluminado, claro y alfombrado pasillo, oye risitas y cuchicheos en la recepción que daba a los despachos. No necesita llegar para sabe que Wilson estaba allí. Oprime sus labios tan sólo un poco más. Las auxiliares, practicantes, secretarias, mecanógrafas y abogaditas nuevas (así como uno que otro muchacho de pinta extraña), parecían fascinadas con el hombre. Este las atraía como… la mierda a las moscas. Oye su risa profunda, bien modelada, una voz realmente atractiva, piensa ella con desprecio.

   -Buenos días. –anuncia, fría, aséptica en su traje de falda y blusa y su sobretodo algo largo que le daba un aire de villana gótica. No se detiene, sigue a su oficina.

   Sí, allí estaba él rodeado de tres féminas jóvenes que lo miraban bobas, y uno de los chicos de recados, quien no podía apartar sus ojos de la bragueta del hombre. En el orden natural de las cosas, a Carolina no le sorprende esa reacción de todos. Wilson era apuesto, y ahora era francamente atractivo. Obscenamente atractivo. Era Wilson un hijo de italianos, de más de un metro ochenta, sólido, musculoso, de tórax ancho y brazos y piernas fuertes. Su cabello era claroso, levantado algo en puntas, su rostro delgado mostraba una frente con pequeñas marcas que lo hacían verse varonil, sus ojos grises eran un imán, como su nariz y sus labios algo… brillantes y llenos. El que esos labios estuvieran rodeados de una insinuación de bigotillo que también aparecía en la barbilla como una barba que ni candado era, lo hacía verse como amanecido, desaseado. Sensual. Su vestimenta no era la de un carajo que trabajaba en un bufete de abogados, usaba una franela de buena tela, cara, pero corta que apenas llegaba al borde de un pantalón jeans, también caro y de marca, que llevaba sin cinturón. Y ese pantalón era ajustado, mucho. Sus muslos resaltaban demasiado, su trasero, que más de una (y uno que otro) imaginaban firme y duro, tragaba un poco de tela. Y por delante estaba el bulto, que destacaba, que resaltaba contra la tela. Las botas negras, de buen cuero, completaba ese atuendo extraño. Era, en conclusión, una pieza que las mujeres gustaban de ver, y fantaseaban con él.

   Muchas personas se extrañaban que ese carajo trabajara allí, con esas pintas. Más su trabajo. Era un carajo joven, no llegaba a los treinta, de mente lúcida y rápida en los tribunales, manipulador, muñidor de oficio. Con esa pinta, labia y falta de escrúpulos todos imaginaban que se convertiría en el socio estrella, el niño mimado de la firma… pero había terminado como el asistente de Carolina Fuentes (de Marotta). Y ese porte, esa pinta, ese atuendo, ese aire de animal sexual, era hechura de la mujer. Ella lo había convertido en… eso. Al verla entrar molesta, el hombre ensereció un poco, guiñó un ojo a todos como diciendo “la fiera llegó brava, voy a calmarla”, y fue a la oficina. En su espalda y trasero caían todas las miradas, y casi pareció oírse un suspiro.

   Dudando sólo un segundo, con el corazón agitado, Wilson abre la puerta y compone una sonrisa. Ella está allí, quieta, con los ojos cerrados. Cuando exclama un “buenos días”, ella lo mira con desdén. ¡Paff! La bofetada es sonora, fuerte. El atractivo rostro masculino casi se ladea, él parpadea. El cachete le hormiguea.

   -¿Por qué…? –pregunta, inconcientemente ¡Paff! Y calla. La primera fue sorpresiva, no sabe por qué fue. La segunda sí lo sabe. Por preguntar. Un perro no puede replicarle o exigirle explicaciones a su ama. Y lo había olvidado.

   Nadie podía entender qué había pasado, ¿por qué Wilson no era un exitoso abogado de carrera? Porque ella lo controló. Lo otro era peor, de machote en celo, de hombre predador había terminado sometido a esa mujer fría, quien ni le responde mientras va su escritorio, sentándose, mirándolo fijamente, abriendo sus piernas, mostrando una conservadora pantaleta negra. Se observan, él resentido por la cachetada, por todo. Ella con leve burla.

   Wilson la odia. Esa mujer lo había destruido, a veces quisiera… pero ya cae sobre manos y rodillas, enrojeciendo todo, viéndose más atractivo, reconoce Carolina con orgullo, era un perro de raza. Su perro. Y así, sometido, Wilson se acerca a la mujer, olfateando en sus piernas, caliente ya, con una dolorosa erección bajo su jeans, y mete el hocico, es decir la cara, en ese entrepiernas, olfateando a la mujer, pegando s nariz de la pantaleta, temblando de lujuria…

   -Perrito bonito… -la oye, fría, mientras una manita le acaricia tras una oreja. Y Wilson ya no piensa, frota su boca de esa pantaleta y lengüetea como perro jadeante…

   Y como pasa cuando alguien goza, alguien más se acerca. Alguien más mira y se sorprende. Y en este caso era alguien de la familia, que se detiene ante el espectáculo con un:

   -Pero ¿qué coño…?

   ¿Quién llegó? ¿Qué consecuencias traerá esto? Pero más importante… ¿se cogerán a dúo a la inocente Tinita? Carolina, ¿se meará sobre ese hombre sometido? ¿Cómo lo hizo, cómo lo controló? Ah, todo se sabrá.

CONTINUARÁ…

Julio César.

Una respuesta to “TINITA… UNA PUTICA SENTIMENTAL… (2)”

  1. franklin Says:

    Hola mi reina me gusta mama cuca la mamo sabrosa mi correo es frankicabrera.7845@hotmail.es soy de venezuela

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: