MUNDANZAS Y REPARACIONES COSTOSAS… (3)

GUEVOS A GRANEL

   Betina estaba pagando con todo la deuda que tenía con esos carajos que le repararon algunas vainas en la casa y la ayudaron en la mudanza. Pero era gente confiable, mientras ella gritaba gimiendo, toda sudada, la trataban con el respeto que merecía. Uno gruñía “destrócenle el culo a la puta esa, así, denle güevos por esos huecos”. Otro, verga en mano, se la frotaba de la cara con un “comételo, zorra, aquí está tu teterote”. Y el que le cabalgaba la cuca, todo rojo de emoción ante esa crica que apretaba sabroso, decía: “métanle el consolador también, tiene esa cuca como terminal de autobuses”. Eran… puros caballeros.

NENA ENTRE MACHOS

   Ahora si le están dando duro, piensa al saborear la verga en su boca, al tiempo que su culo se cierra salvaje sobre el cilíndrico tolete que la penetra, chocando del otro que una y otra vez frota y azota su clítoris, mientras oye los “mira qué zorra”, “como le gusta”, “qué puta más rica”. Estaba en la gloria.

QUIERE MAS

   La dulce Betina ya ni piensa mientras oye, a lo lejos, “comete mi verga”, y la traga, ávida, llenándose la lengua con su calor y sabor, mientras su cuca está totalmente tapona y el carajo le dice a su mejor amigo, “métesela, destrózale ese culo a la puta”.

MUJER Y SUS GUEVOS

   Y chilla un sí, de gusto, cuando se la clava duro, abriéndole el ojete. Estremeciéndose casi tanto como el otro al sentir la verga del amigo casi chocar de la suya. Dios, era tan rico, pensaba Betina, mientras los dos güevos comenzaran a cogerla al unísono.

NENA BIEN COGIDA

  -Anda, nena, cómete tu verga; gózatela. –le ordenaba el carajo atrapándole el cabello, guiándola, clavándosela hasta la garganta, casi como si quisiera que le llegara hasta ese punto caliente y demente donde las otras dos martillaban a Betina.

DURO POR EL CULO

   Con un gritito saltó sobre la verga del jefe de la cuadrilla, una de las más gruesas y jugosas, chupándola a fondo, mientras pensaba que no había nada más rico que ser bien atendida por los hombres. Y en todo momento su culito era macheteado una y otra vez, cada vez mejor.

CONTINUARÁ…

Julio César.

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