SECRETOS DE LA TRANQUILIDAD MENTAL

Boy-Girl Blowjob

   Cuando tenía uno así, estaba hecha…

   Angélica, con tantos problemas en su casa con los suegros y el marido, sube y baja golosa sobre el duro güevo del empleado de su esposo, la única distracción que tenía en el día. Todos los días, a la once y media de la mañana, almorzaba güevo caliente. Lo recorría con su lengua, azotaba el ojete del glande, saboreaba sus jugos y luego se lo tragaba, ávida y entusiasta. Lo mejor de mamarse un güevo así, descubrió la mortificada mujer, era que sabía bien al gusto (su lengua estaba bañada de saliva) y le impedía pensar en la familia y los problemas. Era un asunto de ganar y ganar, como sabía toda hembra que saboreaba güevos ajenos.

Julio César.

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