CARRIE PREJEAN, ¿VÍCTIMA DE SU LENGUA?

EX MISS CALIFORNIA

   …¿O victimaria?

   El asunto de las libertades civiles y políticas es algo muy serio. Como que hay pequeños pises en el Tercer Mundo donde la discusión es cosa de vida eterna para los caudillos enquistados en el poder, o de muerte para quienes se le oponen. Pero también conllevan responsabilidades reales que deben adoptarse y protegerse por encima de toda consideración grupal. Aún aquellas posturas que nos sean odiosas. Se pueden discutir hasta el infinito; cada caso es único porque cada persona es distinta. Sin embargo los países serios y medianamente sanos presentan un conjunto general de leyes que amparan la vivencia dentro de límites extensos.

   Y el mundo ha aprendido. Eso de malditos extranjeros, ya no se oye como antes. Un negro, un chino o un indio ya no son vistos como sub humanos; un judío, irlandés o sudamericano, no enfrenta los antiguos prejuicios en otras tierras. Ser gay, lesbiana o transexual es visto con menos escándalo (bueno, no tanto en países pequeños, todavía en Caracas dos hombres no pasean tomados de la mano). Hemos tenido guerras, revoluciones, mártires y persecuciones para garantizarnos libertades, pero sobretodo, derechos que nos permitan ser protegidos. No pueden existir todas las libertades, es imposible. Jamás se entenderá ni se apoyará la postura de los pederastas, o aquel que crea en el bien de la eutanasia pero para los demás. El aborto debería ser un derecho consagrado, pero una mujer irresponsable que se preña a cada rato y aborta, como quien cambia de ropa interior, representa un problema social. Pero son esas individualidades las que van conformando los sistemas legales, ese entramado que puede, en un caso dado, defender a un individuo hasta de un Estado. Claro, muchas veces se cae en el absurdo como pasa en el sistema legal norteamericano con el “acoso a mujeres e infantes”, utilizados como medio para hacer fortuna, que terminan como una caricatura.

   La base de la convivencia es el respeto, pero también la tolerancia hacia los demás. Y este largo cuento viene al caso por lo que le ocurrió no hace mucho a una miss en Estados Unidos, víctima, al parecer, de discriminación sexual. Sostiene la joven y bonita Carrie Prejean, hasta ese momento Miss California, que un comentario gay le costó la corona. Aparentemente la joven fue removida de su ‘cargo’, acusada de incumplir importantes compromisos del contrato (¡qué son tan serios! ¿Ven? Otro prejuicio). Carrie, sintiéndose estafada y muy molesta, se presentó en un programa de televisión para defender su caso, alegando que la destronaron por decir que el matrimonio debía limitarse únicamente a la unión de un hombre y una mujer.

   A ella le responden, dentro del Miss California USA, que no fue por eso, sino por faltar a eventos ya organizados, los cuales desatendió para ir a pronunciarse contra los matrimonios gay. Sin embargo, la catira sostiene que su despido se trató de una trampa del certamen, por sus declaraciones, y terminó argumentando que sí a ella le piden tolerancia hacia los gay, también deben mostrársela. Y ese es el punto.

   Uno no sabe por qué fue que la destituyeron, reemplazándola por la Miss Malibú (que debe ser una de esas impresionantes catiras bronceadas), pero sí se trató de una retaliación por sus declaraciones, es injustificable. Uno puede estar o no de acuerdo con ella, incluso molestarse con lo que dice, pero no debe censurársele por ello. Ni condenársele, porque entonces ¿cómo abordamos el caso de la médico que es echada de un hospital del Estado porque tiene novia? Ella lo dijo bien, la tolerancia debe ir en ambas direcciones. Sí declaró sin permiso, es una cosa. Es de imaginar que en California hay una poderosa comunidad gay, y que el certamen no quiera molestarla, pero eso no justifica en nada sus acciones. Ella sigue siendo una persona y como tal tiene derecho a sus opiniones. Cuando se condena por opinar, estamos en presencia de la confiscación de las libertades.

   Tengo conocidos que comentando la noticia, la tacharon de ignorante y retrograda; y no son gay, sino personas a quienes alarma ese pensamiento ‘tan estrecho’. Porque estamos en un mundo donde los prejuicios y la discriminación se miran como algo feo, un defecto, una falla en algo. Y está bien, pero no como detonante para castigar. Hace tiempo en Nueva York jugaba un joven de cuerpo grande, del tipo galancito de los deportes, quien sostenía opiniones muy fuertes contra los extranjeros, llegando a decir una vez que le avergonzaba caminar cuadra tras cuadra en la Gran Manzana y sólo ver latinos, asiáticos y europeos. A ese carajo cada vez que salía a jugar lo pitaban. Siempre me pareció un retrasado mental, un “ignorante”, pero era su derecho decirlo, como digo yo lo que pienso de Chávez y de quienes lo apoyan, por ejemplo.

   Sí ese carajo hubiera propuesto una ley para limitar a los importados en las Grandes Ligas, o la entrada de extranjeros al país del Norte, yo habría sido el primero que gritara pidiendo detener a ese sucio racista nazi antes de que levantara los hornos. Pero una cosa es hablar, por detestable y despreciable que sea lo que se dice, y otra hacer algo en concreto contra los derechos de otros. La libertad de expresión y de pensamiento no puede estar jamás limitada. Bajo ningún concepto. Ni siquiera pretenderse que se está, porque, como dijo José Martí, libertad es el derecho de todo hombre o una mujer a hablar con sinceridad, sin hipocresía por temor a represalias. O algo más o menos así. Es por eso que no entiendo cómo ese monstruoso régimen cubano sigue citándolo como ejemplo de ‘su’ pensamiento revolucionario.

   Desde la escuela, en un país como Venezuela, blancos, negros, mestizos, todos estudiamos juntos, está en la sangre desde la colonia, por ello cuando una discoteca en el Este comenzó a limitar la entrada de gente negra, se armó aquel escándalo y tuvieron que cerrar. Porque opinar sobre algo es una cosa, mi punto de vista, lo que pienso y siento, debe respetarse aunque sea yo un completo imbécil que diga necedades (para eso Dios me dio boca), pero cuando hago algo en especifico para limitar el derecho de otro, me convierto en un problema, así tenga yo la razón. Porque la discriminación sí trabaja en ambos sentidos. Por no estimar a los gay, a esa mujer, Carrie Prejean, le quitan, aparentemente, su corona. Y eso es tan reprochable como impedirle a un negro la entrada a una discoteca, o al gay a un baño público. Discriminación es discriminación, y cuando se comienza a utilizar como un arma más allá de la defensa de un punto de vista, se convierte en coerción. En prejuicio. Y de eso ya hemos tenido bastante.

Julio César.

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