ELLA PERDONA Y OLVIDA

   Víctor es un joven agradable, buena gente, de buena pinta, que está a punto de casarse con Marianita, a quien cita en una tasca para tomar algo, e insistirle que le de una ‘prueba’ de amor. La llamada de la joven diciéndole que se retrasará pues sus padres fueron de visita, coincide con una morenaza que lo mira, sonríe y hace señas desde la barra. ¿Qué más decir que se acercó, dijo cositas, ella rió y se fueron a una pieza? Fue allí donde comenzó la sorpresa.

NENA CON SORPRESA

   Una vez excitado en la cama, el joven notó que ‘ella’ también lo estaba. ¡Y se le notaba! Mucho. Aterrado, y furioso, intentó salir a fuerza de golpes, pero la ‘joven’ parecía conocer artes marciales, y de dos golpes lo lanzó a la cama, sometiéndolo. ‘Ella’ sí pensaba divertirse con el bomboncito encontrado.

MACHO SOMETIDO

   Desnudo, atado y amordazado, Víctor intenta defenderse, ponerse de pie, correr, mientras ‘ella’ siseándolo, le aconseja que se calme y relaje para que lo disfrute mejor; y lo acomoda… en la entrada del culo del chico. Víctor, para sus adentros, gritaba pidiéndole ayuda al Cielo, arrepentido ahora, deseando no haberse dejado llevar nunca por su debilidad, pero…

MACHO COGIDO

   -Hummm… -gruñe ahogado, avergonzado por lo que le pasa.

   Esa ‘mujer’ se lo clava hondo, duro, cepillándole la pepa del culo (frotes a la próstata) y a él se le puso duro también. No quería, se revolvía, gemía que no, pero su culo atrapaba una y otra vez ese palo duro y caliente. Casi se corre cuando ‘ella’ se lo atrapa, masturbándolo.

   -¡Víctor, ¿qué es esto?! –grita una aterrada voz desde la puerta. Se trata de Marianita quien fue a buscarlo y le dijeron por dónde se había ido. Su llegada coincide con una abundante corrida de la ‘mujer’ y del joven.

   La ‘otra’ salta de la cama, toma sus cosas y desaparece, mientras Marianita, conmocionada, suelta al novio avergonzado, que cae de panza en la cama, ocultando el rostro, lloriqueando que no fue su culpa. A su lado ella lo acaricia y consuela, besándole la nuca, diciéndole suave que no importaba, que nadie sabría nunca de lo sucedido.

……

   -Le gustó. –dice la ‘mujer’ sentada a una mesita de café, bella, notando a un carajo joven que viene cargando un bebé, al lado de su mujer. Otro que necesitaba una lección.

   -Sí. Imaginé que así sería. –ríe Marianita, tomándose su café negro, caliente y amargo.- Nos casaremos en dos días. Dejaré pasar un mes más o menos y me compraré un buen consolador para atenderlo de vez en cuando. –sonríe malosa.

   Todo había sido idea de ella, para quitarle a Víctor las ganas de andar pajareando por ahí; ahora se casarían por amor… y porque él se sentía obligado con ella que sabía lo que le ocurrió, lo perdonó y le guardó el ‘secreto’. Más tarde, cuando, de noche en noche, le diera con el juguete, lo tendría aún más en sus manos. Cebado. Sonríe bella, el matrimonio sería maravilloso. Víctor sería suyo. Realmente suyo.

Julio César.

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