Archive for the ‘L-CUQUIS’ Category

NIÑAS!!!

julio 28, 2009

NENAS CALIENTES

   Tan sólo jugaban, mojadas y calientes…

   -No es nada malo. Cuando tomamos la ducha, a Natalia le encanta que le meta la mano dentro de la pantaleta. Pero no tanto como cuando le meto tres dedos en esa cuca caliente. Cómo chilla y se estremece de risas cuando los meto hondo, agitándolos allí, sacándolos y volviéndolos a enterrar. ¿No se lo has hecho a una amiga?

   -Es lo mejor, a mí me encanta y no sé por qué, ¿quieres ver?

Julio César.

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JUGANDO

julio 10, 2009

CACHAPERAS

   Estaba tan caliente bajo ella…

   Estela, jadea y se revuelve mientras Irene, bajo ella, ríe de su juego. Son compañeras de trabajo en una fábrica, y mientras se cambiaban, Irene riendo, jugando, la tomó por un brazo, derribándola sobre ella. Al principio Estela también estalló en carcajadas, pero luego se alarmó cuando las manitas de Irene comenzaron a sobarla, a pellizcarle los senos y a agitar su cadera, provocándole vibraciones en todo el cuerpo. Gimió un “¿qué haces?, me gustan los hombres…”, pero sin moverse cuando esa manita cayó sobre su vagina, sobándola, y dos dedos entraron lentamente, frotándola, masturbándola. Sí, ahora jadea caliente, agitada, revolviéndose sobre la otra que la muerde, la soba, le mete dedos y le susurra que se la va a coger. ¡Esa cachapera!, piensa, mientras gime un “oh, sí, muérdeme las tetas, méteme los dedos, cógeme… hummm…”.

Julio César.

PREOCUPADA…

junio 13, 2009

TIAS CALIENTES

   Esa cuca se le derretía en la boca…

   Lizandro era un gran carajo, pensaba Martina de su hermano, y estaba a punto de arruinar su vida. Habiéndose casado con Elena, la llevó a vivir a casa de la familia, así Martina había sido testigo, como el resto, de la mala vida que le daba a la joven. Pero Lizandro la quería en el fondo, y como Martina no quería verlo sufrir, se asegura que la cuñada no lo mandara un día para el coño y se fuera. Por ello decidió tomar medidas, y lo hizo como suele hacerse: la invitó a tomar un poco de licor para que le contara sus penas, hablaron de lo bellas que eran, compararon sus figuras en ropa interior… y Martina logró derribarla sobre una cama, abrirle las piernas bien torneadas, y apartándole un poco la suave pantaletica negra le había metido la cálida y joven lengua hasta el fondo, saboreándola, agitándola allí, atrapándole el clítoris y chapándoselo como una becerrita. Elenita gritó, se estremeció, le dijo que no, que eso estaba mal… mientras gemía y se corría una y otra vez. Ahora, cada vez que hay un problema, Martina le come la cuca; su lengua y labios conocen el camino al erecto clítoris y lo atrapan, atrapando a Elenita también, quien gime y se rinde. Ahora juegan un poco más, y los dedos de Martina a veces le exploran, lentos, suave, la cuchara, otras veces, como ahora, se los clava con violencia, agitándolos con fuerza, en el sedoso culito, dejándola bien caliente para cuando Lizandro volvía. Cosas de familia, ¿no?

Julio César.