Archive for the ‘MUJER DE TRABAJO’ Category

LA DOCTORA CURA CON CUCA… (2)

junio 26, 2009

NENA COGIDA

   -Hombre frígido es difícil; o hay quejas de la mujer porque él no mueve bien la macana o ella no es golosa. A mí me encanta una buena verga dura y caliente metiéndoseme hondo, duro, espillándome la campanita. El truco, amigas, es halarlo con la vagina, apretándoselo, que griten moribundos cuando subas y bajes, casi intentando quitárselo. –recomienda, mientras lo hace, sube y baja, mojándolo todo con sus jugos calientes.

MUJER EMPALADA

   Pero también había que jugar, sabe ella, moviendo ese culo y esa cuca como batidoras, arriba abajo y de un lado a otro, mientras se inclina y le muerde la nariz, le lame los labios, le mete la lengua, u obligándolo a morderle las tetas mientras le aferra las nalgas, guiándola con violencia de arriba abajo sobre su güevo caliente. La mujer, incluso, aconseja meter un dedo en el culo para sorprenderlas mientras el hombre le cepilla la pepa de la cuca.

DAME MAS

   -Ahhh… ahhh… sí, papi, destrózame la cuca; métemela hondo, dámela toda. Préñame con tu leche caliente… -grita, profesionalmente. Sabe lo importante que es gruñir como perrita, jadear con desmayo, gemir gozosa como sí doliera. Ah, los hombres eran tan predecibles, se dice mientras bate que da gusto sus caderas de arriba abajo, casi arrancádsela otra vez.- Oh, sí… dame tu leche, córrete dentro; déjamela empapada de semen, papito…

   Otro éxito médico.

Julio César.

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LA DOCTORA CURA CON CUCA

junio 21, 2009

ESE CULO

   A la hermosa profesional le llegaba a cada rato un carajo así, preocupado por su desempeño sexual en la cama. Ella sabía que muchos padecían de aburrimiento, falta de imaginación o parejas sin interés, aunque no podía descartar de entrada algún problema físico, por lo que siempre intentaba saber sí les funcionaba o no el aparato, y nada como una boquita sobre ellos para saberlo. Sí pasaba la lengüita y no se ponían duros, había algo malo.

NENA MAMANDO

   Golosa, le encantaba por encima de todas las cosas mamarse un güe… le encantaba su trabajo, saber que lo hace bien; y no se detiene, sube y baja, sin parar, hasta encontrarle una solución al problema. El carajo, ante su desempeño (y aliento en su pubis pelado) se armaba y llenaba de calor, emoción y de… ganas de contarle todo. Pero ella sabe que hombre caliente no piensa, y todavía debe comprobar si no es la técnica la que falla, por lo tanto, y con la cuca bien mojada ya, pasa a meterse en honduras. O lo hace él…

DURO POR ESA CRICA

   Ahora comenzaba el diagnostico en forma, con meneos, nalgueos, llamadas de “putica, mueve ese culo sabroso, apriétamelo, mamita rica”; y los “mételo todo, métemelo bien, cabrón, destrózamela”. El análisis durara y duraba, una y otra vez, caliente, con ritmo, entrando y saliendo de la crica caliente que halaba y apretaba… mientras esperaban un resultado.

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: Sé que había iniciado otro cuento de estos, pero un virus me destruyó esos archivos. Lo siento.

LA SEXOLOGA Y LA INFERTILIDAD

marzo 21, 2009

tia-caliente

   -Pero doctota, ¿qué hace? Deje la tocadera. –se alteró, e intentando alejarla le subió un poco la falda, soltándola en el acto.

 

   -Déjese de tonterías, señor Martínez. Tiene un cuerpo del carajo, pero parece un agüevoniado. Tengo que ver por qué no preña su mujer. –gruñe ella, tocándolo, abriéndole la camisa.- Hummm, es grandote, pero ¿lo tendrá todo así?

 

   -¡Doctora! –se azora y casi grita cuando ella deja de tocarle el muslo, pellizcándole una tetilla con una mano y el güevo con la otra sobre el pantalón.

nena-hot

   -No, no, doctora… ¿que hace? –jadea indefenso cuando ella se le va encima, dándole lengua sabroso, mojándolo con la suya, mientras le recorre el torso con esas manitas de tigra lujuriosa, de hembra caliente.

 

   -Cállate, güevón y dame esa lengüita… -y lo besa, mortificada por la mala técnica del otro. ¡Estos carajos sabían tan poco! Se la atrapa con la suya, se la hala y mordisquea con sus pequeños dientes, haciéndolo gemir.- Qué mal besas, amigo. Se hace así… -y le da con todo.- ¡Con razón no preñas a tu mujer!

 

   -¡Doctora! Oiga,  no sé si debamos… -jadea, rojo.

 

   -Cállate, maricón y sácate el güevo ya… -respondió exquisita.

caliente1

   El joven sabe que debe cumplirle a la ardiente hembra o quedará mal. La abraza, le susurra que es hermosa y le besa el cuello, feliz de tenerlo duro al menos.

 

   -Hummm… -jadea él.- Doctora, usted es tan bella que provoca escribirle poesías…

 

   -Ay, por Dios, ¡cállate! –jadeó ella, quemándose, apartando un poco su pantaleta para que le respire y tome aire.- Deja de hablar tantas mariqueras y muévete. Apriétame las tetas duro y clávame dos dedos bien hondos en la cuca, mira que ya me pica la pepita…

 

CONTINUARÁ

 

Julio César.