Archive for the ‘SEXY STORY’ Category

LA REQUISA

mayo 11, 2009

DOS MACHOS Y UNA PUTA

   Buscaban hasta en lo más recóndito…

   Marina, una mujer de buena posición y clase, se ve obligada a llegarse hasta el penal de El Rodeo, cuando Andrés, su marido, cayó preso por especulador. Siendo buena moza, un preso se antojó de ella y la novia de este, en venganza, la acusó ante la guardia nacional de traficar drogas. Cuando los dos uniformados fueron a interrogarla, ella les manoteó en las caras que ella era mucha dama para gente como ellos. ¿Resultado? Se la llevaron en volantillas.

   -¡No! Déjenme. –gritaba entre furiosa y asustada cuando la metieron en aquel cuartito, cruzando frente a otros tres guardias que reían al verla.

   -Cállate, zorra. No quisiste colaborar y ahora buscaremos las drogas por nuestra cuenta. –la abofeteó uno, sonriendo al hacerlo.

   Con un gemido, la mujer cayó sobre la colchoneta inmunda del catre, y los dos carajos le cayeron encima. Sus manos grandes y toscas la tocaron sobre las ropas, metiéndose bajo la blusa, apretando sus tetas grandes, redondas y firmes. Ella chilló aterrada, pero esos dedos se le clavaban en la carne mientras otros le pellizcaban un pezón, duro, halándoselo fuerte. El otro carajo le sobaba las nalgas sobre la falda, subiéndola y acariciándola sobre los glúteos firmes, apenas semi cubiertos por su tanguita color lila.

   La mujer intenta luchar, sentándose de golpe, logrando que su blusa se rasgue y sus tetas queden al aire (iba sin sostén), y sus piernas queden abiertas. Una mano ruda se metió entre ellas, acariciándole la cuca sobre la pantaletica, con ese gusto que todo macho siente al tocarlas allí, hundiendo un poco la tela, percibiendo ya el calorcito, gruñendo bajito que la tienes rica, mami.

   Llorando, ella suplica que la dejen en paz, cuando la echan de panza sobre el camastro, con uno de ellos sobándole rudamente las tetas, soltándola únicamente para abrir su bragueta y dejar salir un güevo tieso, cobrizo, goteante ya. Ella grita más al verlo, lo que es un error, ese tolete se le clava hasta el fondo con la advertencia de que si lo muerde tendrá que chupar al batallón completo. Gimiendo de miedo, con su mejilla izquierda hinchada por el tolete, ella acepta la tranca que la ahoga, mientras su faldita desaparece y su pantaletica, atrapada entre los dedos de otro, es rasgada sobre sus nalgas de forma obscena. La visión de su cuerpo desnudo los hace reír.

   Ella siente como algo le golpea las nalgas, algo duro y muy caliente, y entiende que el otro ya sacó su tolete también, y que le recorre la raja del culo con su suave punta, sobándole también, sin entrar, los labios de la vagina. Pero todavía chilla, ahogada por el güevo en su garganta, cuando dos dedotes entran, sin aviso, en su cuca, hurgando, sobando, y dos más van a su culito, lastimándola un poco mientras se abren camino.

   -Eso es, Mata, búscale drogas y granadas en esa cuca y ese culo. Clávale otro dedo en ese culito, ábrelo bien, que ahora vamos a buscar más profundo. Tú se la metes por la cuca y yo por el culo, me encantan como chillan revolviéndose de gusto cuando se las metemos así; seguro a esta puta le gusta. Vas a gozar como nunca, nena. Dos machos te van a dar lo que más quieres. –le sonríe, hundiéndole el güevo hasta los pelos, mirándola a los ojos.- Ese marido tuyo es un fracasado, no te dio nada en la visita conyugal, ¿verdad? Ese se la pasa majándosela al Sargento por protección, y el Sargento ni lo llama, viene solito. No te puede dar esto y esto… -anuncia cogiéndola por la boca.

   -Yo creo que ya entendió, mi cabo- dice el otro, sonriendo, cogiéndola con sus dedos por las dos entradas.- Tiene la cuca mojadita, caliente y como chupando ya. Se ve que quiere güevos…

   Y Marina, indignada, se revuelve, intentando protestar… porque es verdad. Cuando a punta sedosa se frota de su cuca, gime sin poder contenerse, mientras los dos carajos ríen.

Julio César.

Anuncios

PILLADA POR PUTICA

abril 30, 2009

nenas-putas

   Como era virgen iba a ser por el culo, pero falló…

 

   Leticia se había metido en tremendo peo, por culpa de la abstinencia. Por presiones de sus padres para que fuera una buena chica, no había tenido acción de la buena, fuera de una que otra mamada a los muchachos del equipo de béisbol, nada muy serio. Cosas de muchachas. Pero su cuca y culo eran vírgenes. La llegada de Rubén, un compañerito de clases, la tenía mal. Sentada a su lado en la última fila a donde lo siguió durante la clase de matemáticas, se calentó toda viéndole los bíceps, los mulos bajo el jeans, el bulto entre las piernas. Se pasó la case hablándole bajito diciéndole cómo quería que se la metiera. Fue tanto el ataque que lo tenía asustado. El problema comenzó cuando el profesor la retó delante de todos. Gritando mirada al frente, el hombre cayó inclinado a su lado.

 

   -¿Qué le pasa, Jiménez? ¿Está caliente? –preguntó bajito, sin que los demás oyeran, impactándola. Sin dejarla contestar el hombre metió una manota entre sus piernas, por debajo de la falda, tanteándola una y otra vez sobre la pantaletica suave que llevaba, descubriéndola.- ¡Está toda mojada!

 

   -Profe, yo… -jadeó temiéndose verse expuesta delante de todos, que intentaban oír lo que pasaba mientras copiaban de la pizarra.

 

   -¡Cállese, Jiménez! Mire, usted es una buena alumna, pero tiene un problema. Está más caliente que una puta en fiesta de marineros. –y esos dedos seguían allí, en medio de la clase, donde cualquiera podría volver la mirada y pillarlos, frotándose levemente sobre su raja, y acarician y empujan, hundiéndose un poco en la húmeda y cálida cavidad que palpitaba dándoles la bienvenida.- Necesita urgentemente de un buen macho que le ponga preparo o se meterá en problemas. Como soy su profesor, debo ocuparme; por su bien, se queda después de clase y la cojo bien cogida.

 

   Asustada, pensando en negarse y huir, la joven, indecisa, terminó por quedarse. Intentó pararlo en cuanto todos salieron, pero cuando se le fue encima, recostándola del pupitre, haciéndole notar su verga enorme, dura y caliente que le palpitaba en el vientre, y sus manotas entraron bajo la faldita alzándola, atenazando sus nalgas sonrosadas semi cubiertas por una pantaletica chica, no supo qué hacer. Restregarse del cuerpo sólido, esos dedos jugando dentro de su pantaleta toqueteándole el ojito del culo, bajando y clavándose finalmente dos de ellos lentamente, profundo, en su cuca ardiente, la hizo gritar. Esos dedos entraba lentamente, acariciaban, salían y volvían rápido, estremeciéndola.

 

   No quería pero de rodillas le mamó ese güevote caliente que le dejó la boca llena de gusto. Asustada, de culo en su escritorio tuvo que dejar que le mamara la pepita, cosa que ningún chico le había hecho, haciéndola gritar; se dejó meter un dedote en su cuca mientras otro se hundía profundo en su culo, enloqueciéndola cuando se agitaban dentro de ella al unísono. Cuando esa polla enorme se me metió, rozándola, frotándola, gritó ‘violación’, desmayada de gusto, mojándosela toda con sus aguas. Su cuca lo halaba y atrapaba, succionándosela, y ella sólo gemía. No se detendría el hombre hasta dejársela bien llena de leche caliente, para después clavársela por el culo, haciéndola gritar que sí, que era una zorra, calmándole los ardores con más semen.

 

   Sí, ese hombre tenía razón, pensó mientras era cabalgada, nalgueada, llamada puta… sufría de eso, una fiebre pasajera de putería, y ese güevote que la llenaba de gusto y jugos, mientras sus tetas eran mordidas y pellizcadas, la curarían… por un tiempo.

 

Julio César.

INVIRTIENDO GANAS EN LA DESPEDIDA…

abril 18, 2009

putas-tirando

   Sólo se oían gemidos y los “más, dame más”.

 

   -Eso es, mami, aprieta ese culo. –gruñó el hombre, dándole güevo del duro a esa mujer que de pie, se estremecía toda, agitada cuando se lo metía hondo, cepillándola.

 

   -Hummm… ¡Sí! –gritó Tamara, toda enrojecida, aferrándose con las manitas a la pasarela en donde poco antes esos carajos bailaban en tanguitas animando su despedida de soltera.

 

   A punto de casarse al día siguiente, Tamara fue llevada por sus dos mejores amigas a tomar un trago. Ella sospechaba por donde venía la vaina cuando vio aquel salón. Pero entre risas sobre lo que encontraría su noche de bodas (decían que David lo tenía de burro), se tomaron dos botellas de vino antes de que comenzara el show. Se sorprendieron, habían contratado a un tipo musculoso y joven para que vistiera de bombero (David era bombero), para que bailara, se quedara en tanguita y les agitara el güevo en las caras. Pero este vino con dos amigos más. ¡Tres bomberos! Lo que pasó fue que esos dos extras, estaban iniciándose en el baile exótico y el amigo les ofreció que ‘probaran y se prepararan’.

 

   Las tres, ebrias, sentaditas, vieron a los tres carajos bailar y agitarse. Estos sonreían quitándose todo poco a poco, al llegar a las tangas de donde los güevos amenazaban salir, gritaron mucho. En un momento dado Tamara se vio rodeada por los tres, calientes, transpirados, cuerpos sólidos, frotando sus bojotes de ella. La joven gritó, río, y atrapada su mirada en una de las tanga, la tocó. Todos se sorprendieron un poco, y más cuando el tipo, sonriendo, empujó su tolete hacia ella, quien abrió la boca un poco como besándola.

 

   De ese gesto, tan simple, a que el güevo semi erecto emergiera y entrara en su boquita roja, fue una sola cosa. Ella, entre culpable y caliente, lo miró a los ojos, sumisa, mientras el güevo endurecía, erecto y enorme, caliente sobre su lengua que ávida la chupaba. Los ahogados gemidos llegaron cuando la boquita roja se cerró sobre ese falo cilíndrico. Casi se ahoga cuando se lo mete todo. Los otros güevos, pasada la sorpresa, aparecen y se frotan de su carita de hembra caliente. Ella, mamando ese tolete que le llena la boca de sabor, y con esas barras rígidas que palpitaban contra su suave piel, grita ahogada. Mama y soba güevos hasta que sus amigas deciden tocar. Y aunque están felizmente casadas, cada una de rodillas atiende a uno de los chicos, que ahora si gozan metiendo sus trancas en esas bocas.

 

   Tamara es alzada en peso mientras sus ropas desaparecen, su tanguita metida dentro de las nalgas redondas y firmes, es lo ultimo en desaparecer bajo la mano ávida de uno de los chicos, quien le separa las piernas acostándola en la tarima, y le entierra la lengua en la cuca abierta, caliente y mojada. Ela grita, esa lengua entra y lame todo, esa boca chupa su clítoris haciéndola gritar, tensándose toda. Sus amigas la pasan igual, una realiza un sesenta y nueve, la maman mientras mama; y a la otra, de pie, con el tipo detrás, este le mama la cuca mientras le clava dos dedos en su culito, haciéndola chillar también.

 

   Esas mujeres jóvenes y saludables gritan y se estremecen mientras sus vaginas son penetradas una y otra vez, duro, a fondo, cuando esas bolas golpean sus nalgas. Una salta salvaje sobre la cadera de su macho de turno. La otra está de espaldas y con las caderas alzadas mientras uno de los jóvenes metido entre sus piernas, sube y baja su tolete dentro de la vagina que se derrite de gusto.

 

   Pero… era la fiesta de Tamara. Las chicas lo entendían, mientras todas embarradas de semen, sudor y respirando agitadas, miran a la dulce novia sentada de medio lado sobre esa tarima, sobre las caderas de uno de los bailarines que se la mete toda dentro del culo, con otro de pie frente a ella, que se la mete duro por la cuca (las dos vergas, larga y ardientes, iban y venían frotándola toda), y mama a un tercero, con avidez. Si, gozaba, era su derecho…

 

Julio César.